Lo que nos dejó Filomena en Colmenarejo y lo que hemos aprendido

Por Pedro Ignacio Peón

Hace ya unas dos semanas del paso de la famosa borrasca Filomena por nuestros pueblos y ciudades. Parece que ya la tenemos medio olvidada; sin embargo la huella que nos dejó tardará más tiempo en borrarse de nuestra memoria.

Colmenarejo no fue una de las zonas más afectadas por el temporal; no obstante, nuestro Centro Ocupacional si sufrió algunos daños significativos, entre los que cabe destacar los siguientes:

  • Daños producidos por la acumulación de nieve en infraestructuras.- Afectaron sobre todo al umbráculo, donde cultivamos las especies arbustivas y aromáticas, dañando la malla de sombreo y la estructura que la soporta. En principio las especies allí producidas no se vieron especialmente perjudicadas. Otras instalaciones, como el invernadero, dedicado a la producción de flor de temporada y el Garden, o zona de exposición, resistieron los embates de Filomena sin afectaciones importantes.

  • Daños producidos por acumulación de nieve en árboles.- Las especies que sufrieron mayores desperfectos fueron los pinos piñoneros, las encinas y los olivos, debido a la forma aparasolada de su copa y al hecho de tratarse de especies de hoja perenne, lo que hizo que acumularan más cantidad de nieve en su estructura. Las consecuencias no fueron excesivamente importantes, traduciéndose tan solo en roturas de ramas secundarias. Otras especies, tales como arces, olmos, plátanos, acacias, al tratarse de especies caducifolias, no acumularon apenas nieve y por lo tanto su estructura principal apenas se vio afectada.

  • Daños producidos por acumulación de nieve en arbustos.- Principalmente arqueado de ramas, sin apenas roturas, debido a la flexibilidad de las mismas, en especies como adelfas, durillos, aligustres…
  • Daños producidos por las bajas temperaturas en especies crasas y suculentas.- Especies que en otros inviernos menos rigurosos hubieran resistido en el exterior, no han podido soportar las bajas temperaturas de estos días, produciéndose la rotura de su estructura celular interna y por lo tanto la muerte de, al menos, su parte aérea.

  • No obstante, no todo han sido efectos perjudiciales. La nieve caída, habrá nutrido los acuíferos que llenan nuestros pozos, además de dejarnos escenas y paisajes, sin duda inolvidables.

Y ahora que la nieve comienza a retirarse, no queda otra que ponernos manos a la obra para reparar los desperfectos ocasionados.

En el caso del umbráculo, retiraremos los restos de malla de sombreo rotos y habrá que rehacer nuevamente la estructura, para volver a colocar una nueva malla.

Los arbustos, una vez liberados del peso de la nieve, comenzarán a recuperar poco a poco su forma original. Les ayudaremos, guiando su crecimiento y eliminando ramas rotas o que afeen su estructura principal.

En los árboles afectados, eliminaremos las ramas rotas y/o desgarradas, intentando siempre dejar heridas limpias que posibiliten que el árbol cicatrice y sane sus heridas. De lo contrario, estaríamos facilitando la entrada de hongos o insectos perforadores, que comprometerían la salud del ejemplar.

Como aprendizaje de cara al futuro, nos queda recordar la importancia de mantener nuestras instalaciones bien cuidadas, así como nuestros árboles y arbustos, de especies diversificadas, adaptadas a las condiciones de nuestro entorno, en un buen estado sanitario y con unas podas adecuadas en tiempo y forma. Solamente de esta manera, evitaremos que fenómenos meteorológicos adversos, como el que hemos sufrido, altere nuestro funcionamiento ordinario de una manera más significativa.

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