21 de marzo: Día Mundial del Síndrome de Down
Se estima que en España unas 34.000 personas, y un total de seis millones en el mundo, tienen Síndrome de Down, una alteración genética causada por la existencia de material genético extra en el cromosoma 21 que se traduce en discapacidad intelectual. La incidencia estimada a nivel mundial se sitúa entre 1 de cada 1.000 y 1 de cada 1.100 recién nacidos.
A día de hoy no hay explicación de la existencia de esta alteración genética, pero se piensa que puede deberse a un proceso de división defectuoso que origina un cromosoma más, llamado trisomía 21. Precisamente por este motivo, el día 21 del tercer mes del año (marzo) se celebra el Día Mundial del Síndrome de Down, para simbolizar esa trisomía.
Las personas con Síndrome de Down suelen presentar más problemas de salud en general. Sin embargo, los avances sociales y médicos han conseguido mejorar la calidad de vida de las personas con el Síndrome. A principios del siglo XX, se esperaba que los afectados vivieran menos de 10 años. Ahora, cerca del 80 por ciento de los adultos que lo padecen superan la edad de los 50 años.
En diciembre de 2011, la Asamblea General designó el 21 de marzo Día Mundial del Síndrome de Down. Con esta celebración, la ONU quiere generar una mayor conciencia pública sobre la cuestión y recordar la dignidad inherente, la valía y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades. Asimismo, quiere resaltar la importancia de su autonomía e independencia individual, en particular la libertad de tomar sus propias decisiones.
El lema de este año 2023 es “Nos decidimos”. Esta frase se inspira en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y su enfoque sobre el derecho de participación para los quien viven con esta malformación congénita. Se eligió este tema para subrayar la necesidad para la gente con este síndrome de tener la voluntad de participar en decisiones sobre su propia vida. Cada persona debería tener el derecho de participación significativa, ya que es un derecho humano básico.





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