Tercer premio IV Concurso Literario “Alado”

Nancy Viridiana Torres Amaya, por “Alado”

“No es usual ver a los ángeles en el infierno”, eso me decía mi abuela. Todavía recuerdo cómo con una mirada cariñosa y triste me acariciaba la mejilla mientras me soltaba esa frase, así sin más. Nunca la entendí, nunca quise saber a qué se refería, pero ahora que ha muerto lo he descubierto en carne propia. Cada vez que salgo a la calle y me miran diferente, cada vez que cruzo el semáforo más despacio que los demás y el conductor del autobús me mira exasperado. Antes mi abuela era quien cuidaba de mi, todos los días leíamos y hacíamos mis ejercicios terapéuticos o dibujábamos estrambóticas figuras en tiras largas de papel que ella pegaba a la pared. ¡Cómo nos divertíamos! Cada vez que veo una cabeza de cabellos blancos envejecidos pienso en ella, recuerdo su olor a lavanda con miel y el paraíso donde vivía. Ahora sé que ella era el ángel que me hacía llevadera la vida, que con sus alas me cubría del infierno, aunque cansada por sus años a cuestas se las quemara cuando sus piernas frágiles caminaban y brincaban, aunque doliera, para que yo viviera feliz. También les hacía ver a quienes se mostraban incómodos en mi presencia, que eran ellos los del problema, no yo. Ahora que no está, he aprendido que existe más gente como mi abuela, que aún sin parentesco me ha dado la mano y me ha ayudado a continuar. Hay quienes creen que la vida es un infierno, pero también hay ángeles que procuran que éste no queme.

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